domingo, 27 de diciembre de 2009

Carta de Sor Filotea de la Cruz a Sor Juana Inés de la Cruz




Carta de Sor Filotea de la Cruz

(a Sor Juana Inés de la Cruz)

Señora mía: He visto la carta de V. md. en que impugna las finezas de Cristo que discurrió el Reverendo Padre Antonio de Vieira en el Sermón del Mandato con tal sutileza que a los más eruditos ha parecido que, como otra Águila del Apocalipsis, se había remontado este singular talento sobre sí mismo, siguiendo la planta que formó antes el Ilustrísimo César Meneses, ingenio de los primeros de Portugal; pero a mi juicio, quien leyere su apología de V. md. no podrá negar que cortó la pluma más delgada que ambos y que pudieran gloriarse de verse impugnados de una mujer que es honra de su sexo.

Yo, a lo menos, he admirado la viveza de los conceptos, la discreción de sus pruebas y la enérgica claridad con que convence el asunto, compañera inseparable de la sabiduría; que por eso la primera voz que pronunció la Divina fue luz, porque sin claridad no hay voz de sabiduría. Aun la de Cristo, cuando hablaba altísimos misterios entre los velos de las parábolas, no se tuvo por admirable en el mundo; y sólo cuando habló claro, mereció la aclamación de saberlo todo. éste es uno de los muchos beneficios que debe V. md. a Dios; porque la claridad no se adquiere con el trabajo e industria: es don que se infunde con el alma.

Para que V. md. se vea en este papel de mejor letra, le he impreso; y para que reconozca los tesoros que Dios depositó en su alma, y le sea, como más entendida, más agradecida: que la gratitud y el entendimiento nacieron siempre de un mismo parto. Y si como V. md. dice en su carta, quien más ha recibido de Dios está más obligado a la correspondencia, temo se halle V. md. alcanzada en la cuenta; pues pocas criaturas deben a Su Majestad mayores talentos en lo natural, con que ejecuta al agradecimiento, para que si hasta aquí los ha empleado bien (que así lo debo creer de quien profesa tal religión), en adelante sea mejor.

No es mi juicio tan austero censor que esté mal con los versos --en que V. md. se ha visto tan celebrada--, después que Santa Teresa, el Nacienceno y otros santos canonizaron con los suyos esta habilidad; pero deseara que les imitara, así como en el metro, también en la elección de los asuntos.

No apruebo la vulgaridad de los que reprueban en las mujeres el uso de las letras, pues tantas se aplicaron a este estudio, no sin alabanza de San Jerónimo. Es verdad que dice San Pablo que las mujeres no enseñen; pero no manda que las mujeres no estudien para saber; porque sólo quiso prevenir el riesgo de elación en nuestro sexo, propenso siempre a la vanidad. A Sarai la quitó una letra la Sabiduría Divina, y puso una más al nombre de Abram, no porque el varón ha de tener más letras que la mujer, como sienten muchos, sino porque la i añadida al nombre de Sara explicaba temor y dominación. Señora mía se interpreta Sarai; y no convenía que fuese en la casa de Abraham señora la que tenía empleo de súbdita.

Letras que engendran elación, no las quiere Dios en la mujer; pero no las reprueba el Apóstol cuando no sacan a la mujer del estado de obediente. Notorio es a todos que el estudio y saber han contenido a V. md. en el estado de súbdita, y que la han servido de perfeccionar primores de obediente; pues si las demás religiosas por la obediencia sacrifican la voluntad, V. md. cautiva el entendimiento, que es el más arduo y agradable holocausto que puede ofrecerse en las aras de la Religión.

No pretendo, según este dictamen, que V. md. mude el genio renunciando los libros, sino que le mejore, leyendo alguna vez el de Jesucristo. Ninguno de los evangelistas llamó libro a la genealogía de Cristo, si no es San Mateo, porque en su conversión no quiso este Señor mudarle la inclinación, sino mejorarla, para que si antes, cuando publicano, se ocupaba en libros de sus tratos e intereses, cuando apóstol mejorase el genio, mudando los libros de su ruina en el libro de Jesucristo. Mucho tiempo ha gastado V. md. en el estudio de filósofos y poetas; ya será razón que se perfeccionen los empleos y que se mejoren los libros.

¿Qué pueblo hubo más erudito que Egipto? En él empezaron las primeras letras del mundo, y se admiraron los jeroglíficos.

Por grande ponderación de la sabiduría de José, le llama la Sagrada Escritura consumado en la erudición de los egipcios. Y con todo eso, el Espíritu Santo dice abiertamente que el pueblo de los egipcios es bárbaro: porque toda su sabiduría, cuando más, penetraba los movimientos de las estrellas y cielos, pero no servía para enfrenar los desórdenes de las pasiones; toda su ciencia tenía por empleo perfeccionar al hombre en la vida política, pero no ilustraba para conseguir la eterna. Y ciencia que no alumbra para salvarse, Dios, que todo lo sabe, la califica por necedad.

Así lo sintió Justo Lipsio (pasmo de la erudición), estando vecino a la muerte y a la cuenta, cuando el entendimiento está más ilustrado; que consolándole sus amigos con los muchos libros que había escrito de erudición, dijo señalando a un santocristo: "Ciencia que no es del Crucificado, es necedad y sólo vanidad".

No repruebo por esto la lección de estos autores; pero digo a V. md. lo que aconsejaba Gersón: Préstese V. md., no se venda, ni se deje robar de estos estudios. Esclavas son las letras humanas y suelen aprovechar a las divinas; pero deben reprobarse cuando roban la posesión del entendimiento humano a la Sabiduría Divina, haciéndose señoras las que se destinaron a la servidumbre. Comendables son, cuando el motivo de la curiosidad, que es vicio, se pasa a la estudiosidad, que es virtud.

A San Jerónimo le azotaron los ángeles porque leía en Cicerón, arrastrado y no libre, prefiriendo el deleite de su elocuencia a la solidez de la Sagrada Escritura; pero loablemente se aprovechó este Santo Doctor de sus noticias y de la erudición profana que adquirió en semejantes autores.

No es poco el tiempo que ha empleado V. md. en estas ciencias curiosas; pase ya, como el gran Boecio, a las provechosas, juntando a las sutilezas de la natural, la utilidad de una filosofía moral.

Lástima es que un tan gran entendimiento, de tal manera se abata a las rateras noticias de la tierra, que no desee penetrar lo que pasa en el Cielo; y ya que se humille al suelo, que no baje más abajo, considerando lo que pasa en el Infierno. Y si gustare algunas veces de inteligencias dulces y tiernas, aplique su entendimiento al Monte Calvario, donde viendo finezas del Redentor e ingratitudes del redimido, hallará gran campo para ponderar excesos de un amor infinito y para formar apologías, no sin lágrimas contra una ingratitud que llega a lo sumo. O que útilmente, otras veces, se engolfara ese rico galeón de su ingenio de V. md. en la alta mar de las perfecciones divinas. No dudo que sucedería a V. md. lo que a Apeles, que copiando el retrato de Campaspe, cuantas líneas corría con el pincel por el lienzo, tantas heridas hacía en su corazón la saeta del amor, quedando al mismo tiempo perfeccionado el retrato y herido mortalmente de amor del original el corazón del pintor.

Estoy muy cierta y segura que si V. md., con los discursos vivos de su entendimiento, formase y pintase una idea de las perfecciones divinas (cual se permite entre las tinieblas de la fe), al mismo tiempo se vería ilustrada de luces su alma y abrasada su voluntad y dulcemente herida de amor de su Dios, para que este Señor, que ha llovido tan abundantemente beneficios positivos en lo natural sobre V. md., no se vea obligado a concederla beneficios solamente negativos en lo sobrenatural; que por más que la discreción de V. md. les llame finezas, yo les tengo por castigos: porque sólo es beneficio el que Dios hace al corazón humano previniéndole con su gracia para que le corresponda agradecido, disponiéndose con un beneficio reconocido, para que no represada, la liberalidad divina se los haga mayores.

Esto desea a V. md. quien, desde que la besó, muchos años ha, la mano, vive enamorada de su alma, sin que se haya entibiado este amor con la distancia ni el tiempo; porque el amor espiritual no padece achaques de mudanza, ni le reconoce el que es puro si no es hacia el crecimiento. Su Majestad oiga mis súplicas y haga a V. md. muy santa, y me la guarde en toda prosperidad.

De este Convento de la Santísima Trinidad, de la Puebla de los Ángeles, y noviembre 25 de 1690.

B. L. M. de V. md. su afecta servidora

Filotea de la Cruz.

Luna llena



Luna llena



No estás tan lejos

en noches de estas

basta abrir la puerta

hacia el horizonte

plateada gacela del cielo

plateada gacela del monte

 
 
Sal-al-din ibn Tanus

Lámpara de Persia



Lámpara de Persia

¡Ay la niña de Granada!
¡Ay la niña del Albaicín!
Bajó de Sierra Nevada
montada en su rocín

Toda Iberia cabalgó
con el brioso rocín
toda Europa atravesó
hasta la Persia sin fin

Fue por la lámpara,
la de Saladino,
para ponerse a beber
el té con el beduino


Sal-al-din- ibn- Tanus

The fall of Carthage


Carthage
The fall of Carthage is undeniable. Yet the reasons for the Third Punic War seem unclear. Carthage could not have been any military threat to Rome at all. ...

www.roman-empire.net/republic/carthage.html
 
Traducido al español:
http://translate.google.com.mx/translate?hl=es&sl=en&u=http://www.roman-empire.net/republic/carthage.html&ei=SnI3S7WcJNGOtgfKpcWECQ&sa=X&oi=translate&ct=result&resnum=6&ved=0CCoQ7gEwBQ&prev=/search%3Fq%3Dthe%2Bfall%2Bof%2Bcarthage%26hl%3Des%26sa%3DG
 
 
The fall of Carthage
http://www.orionbooks.co.uk/MP-30071/The-Fall-of-Carthage.htm
The Punic Wars 265-146BC
Adrian Goldsworthy
The greatest conflict of antiquity, the struggle for supremacy between Rome and Carthage.
Author Q&A


The struggle between Rome and Carthage in the Punic Wars was arguably the greatest and most desperate conflict of antiquity. The forces involved and the casualties suffered by both sides were far greater than in any wars fought before the modern era, while the eventual outcome had far-reaching consequences for the history of the Western World, namely the ascendancy of Rome. An epic of war and battle, this is also the story of famous generals and leaders: Hannibal, Fabius Maximus, Scipio Africanus, and his grandson Scipio Aemilianus, who would finally bring down the walls of Carthage.

Tarik Alí: «Suprimir una cultura da lugar a desastres aún peores»


TARIQ ALI


«Suprimir una cultura da lugar a desastres aún peores»

Escribió 'A la sombra del granado' inspirado en un viaje por Andalucía, tierra que no visita desde hace 20 años y que redescubrirá para recoger el galardón

27.12.09 - 02:08 - BRÍGIDA GALLEGO-COÍN
GRANADA.



Hoy se considera a los musulmanes de la misma manera que se consideraba a los judíos a comienzos del siglo pasado .Tariq Ali (1943), el escritor pakistaní de renombre mundial que recogerá el Premio Internacional 'Granadillo 2010', tras Emilio de Santiago y Miguel Rodríguez Acosta, responde a una entrevista sobre el pasado y el presente de una ciudad como Granada, cuya historia conoce bien, incluido el capítulo del 2 de enero, cuando terminó formalmente la reconquista de España por parte de los Reyes Católicos.

- El 2 de enero, Granada disfrutará de un extenso programa de actividades: danza, talleres de percusión, de aromas andalusíes, música clásica, electrónica acompañando algunos de los discursos más importantes de la historia como el de Martin Lutero King... ¿Qué le parece celebrar de esta manera una fecha tan emblemática?
 
-Es un gran paso adelante, pero hay que ir más lejos. El 2 de enero no debería haber ningún tipo de celebración que ensalce el final de una brutal reconquista y la expulsión de los judíos. Todo cambió a causa de estos hechos y no para mejor. La imposición de una identidad monocultural por la fuerza creó un legado envenenado que ha herido a España durante años. Podríamos incluso discutir que estos hechos rasgaron España muchos siglos después. Granada debería empezar a ser una ciudad que celebre no sólo la diversidad sino la síntesis producida por la convivencia de culturas que hubo en Al-Andalus durante cinco siglos.


-¿Cómo se siente recogiendo el Premio Internacional 'Granadillo', símbolo de nuestra ciudad y forma de promover el amor por el medio ambiente, que ya han recibido el arabista Emilio de Santiago y el pintor Miguel Rodríguez Acosta?

-Me siento emocionado de recibir este premio no por mí, sino por las ideas contenidas en mi obra. Mi primer premio por 'A la sombra del granado' vino poco después de su publicación en español, en 1994. Lo recibí en Santiago de Compostela, una ciudad algo distinta a Granada. Me emocionó que una de las ciudades más católicas hubiera escogido mi novela para un premio en nombre del arzobispo, afortunadamente no llamado Cisneros, lo cuál hubiera sido difícil de aceptar.

-¿Cómo luchar, hoy por hoy, contra los fundamentalismos?

-Negándoles que se les permita monopolizar la historia de una cultura de la que constituyen una pequeña parte, lo que se puede aplicar a todo tipo de fundamentalismos, no sólo los que claman al honor del Islam.

Conversaciones con Said

-Su último libro son una serie de conversaciones con Edward Said, uno de los grandes intelectuales de nuestro tiempo, quien estaba convencido de la importancia de las artes, de la música en particular, como forma de mejorar la comunicación entre culturas. ¿A qué conclusiones llegaron en sus conversaciones?

-Las conversaciones son entre dos amigos, y uno de ellos estaba muriendo. Se centran en literatura, política y música. Echo de menos la presencia de Edward en nuestra cultura, la suya era una voz poco frecuente. Después de leer 'A la sombra del granado' me dijo que continuara escribiendo sobre la ruptura entre los cristianos occidentales y la civilización islámica. Said fue el responsable de 'El quinteto del Islam'. La última novela de este grupo será publicada, en 2010, por Alianza.

-La Fiesta de las Culturas está en concordancia con el espíritu de la Orquesta Barenboim/Said. ¿Este tipo de iniciativas son eficientes para prevenir actitudes radicales?

-Me temo que no, pueden ayudar a crear una nueva atmósfera pero no prevenir extremismos religiosos o ideológicos causados por políticas muy distantes del mundo cultural. La ocupación y recolonización de Iraq ha llevado a la muerte a más de un millón de iraquíes. A ningún líder occidental se le han pedido cuentas ni acusado de esos crímenes de guerra. Obama ha decidido una escalada y expansión de la guerra en Afganistán con la complacencia de sus colegas europeos. Son estos actos los que fomentan el terror y el fundamentalismo, y al menos que la ocupación del mundo musulmán finalice, esto continuará. Música y literatura pueden ayudar a detener la Islamofobia que está arrasando Europa actualmente, donde se considera a los musulmanes de la misma manera que se consideraba a los judíos a comienzos del siglo pasado.

-Usted se caracteriza por luchar contra lo establecido, una actitud permanente en su obra. ¿Cuál es la mayor revolución que se puede emprender actualmente?

- Defiendo un socialismo inquebrantable. No creo que el libre mercado sea la vía para un futuro mejor y las recientes quiebras en Wall Street lo están demostrando claramente, pero hoy por hoy no han surgido alternativas. Tanto el centro derecha como el centro izquierda se comprometen con un neoliberalismo, lo que significa que los errores se volverán a repetir. Y cuando hablamos del desarrollo, tendemos a ignorar el hecho de que a la hora de salvar el planeta necesitamos un plan económico y social. Sí, un plan que reorganice el mundo y establezca nuevas prioridades. Los activistas asistentes a la cumbre de Copenhagen fueron las únicas personas deseosas de una sociedad diferente.

-¿Cómo se desarrolla una persona nacida en Pakistán, en el seno de una familia musulmana y que recibe una educación en la que Dios no es lo primordial?

- No es raro en algunas partes del mundo musulmán. En el siglo pasado, el partido comunista estaba ubicado en el país musulmán más grande: Indonesia. Más tarde, Estados Unidos organizó un golpe de estado y millones de comunistas fueron asesinados. En esta atmósfera surgieron una fuerza importante: los islamistas. El Islam no es diferente en este sentido al Catolicismo. Muchas personas en España permanecieron ateos, a pesar de la dictadura de la iglesia católica durante Franco. No es sorprendente.

600 años, en dos párrafos

- ¿Cómo debe entenderse el legado de Al-Andalus, hoy por hoy, especialmente en Andalucía?

-Durante mucho tiempo, el legado permaneció escondido e ignorado. 600 años de historia se resumían con dos párrafos en los libros de textos. Esto está cambiando ahora.

-'La sombra del granado' comienza con la quema de libros ordenada por Cisneros en plaza Bibrrambla. ¿El mayor error es eliminar la cultura?

-Cisneros lo hizo en el siglo XV y la Inquisición institucionalizó el proceso. Como dice Juan Goytisolo, uno de los novelistas españoles más grandes: «Todo lo que hizo el Tercer Reich, ya había ocurrido hace siglos en España». Suprimir una cultura da lugar a desastres aún peores. Los palestinos están pagando el precio de los crímenes europeos en la Segunda Guerra Mundial, han sido las víctimas indirectas del 'Judeocidio'. La tragedia es que los líderes sionistas están muy ocupados creando guetos palestinos de los que Gaza es el mejor ejemplo. Parece que han olvidado la historia real de su propia gente.

-Hace 20 años que no viene a Granada, ¿cómo se siente?

- Estoy esperando renovar mi relación de amistad con la ciudad y sus gentes. Visité Granada, Córdoba y Sevilla hace veinte años, y me quedé durante varias semanas para aspirar el ambiente, la tierra, contemplar el legado de la civilización de Al-Andalus y admirar las puestas de sol que me inspiraron para escribir 'A la sombra del Granado'.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Para que sepas Federico lo vivo que estás....




Aprendizaje, desafí­o y viaje de las palabras
05/10/09


Eduardo Galeano

Para expresar mi gratitud a esta alegría inmensa que me han regalado no encuentro mejor manera que contar tres historias. No son inventadas por mí, sino que son por mí vividas.

La primera es sobre mi aprendizaje. Yo no tuve la suerte de conocer a Sherezade. No aprendí el arte de narrar en los palacios de Bagdad. Mis universidades fueron los viejos cafés de Montevideo. Los cuentacuentos anónimos me enseñaron.


En la poca enseñanza formal que tuve –porque no pasé de primero de Liceo– fui un pésimo estudiante de historia. Y en los cafés descubrí que el pasado era presente. Y que la memoria podía ser contada de tal manera que dejara de ser eterna para convertirse en ahora.

No recuerdo la cara ni el nombre de mi primer profesor. Pero él contó una historia de 1904 –por la edad se veía que él no había nacido en aquel entonces–, pero la contaba como si hubiera estado ahí. Fue mi primera lección: el arte es una mentira que dice la verdad. Y escuchando aprendí que se puede contar lo que pasó de tal manera que vuelva a ocurrir cuando uno lo cuenta. Que pueda uno escuchar ese remoto trueno de los cascos de los caballos. Y que pueda uno ver las huellas de arena aunque el suelo sea de baldosa o de madera.

Y aquel hombre para decir la verdad mintió que él había recorrido las praderas ensangrentadas después de la batalla y había visto los muertos. Y uno de los muertos dijo –era un ángel, un muchacho bellísimo con la hincha blanca, roja de sangre–: Por la patria y por ella más.

Un segundo relato sobre mi primer desafío en el arte de narrar. En un pueblo boliviano, un día de laguna –Laguna devoraba a sus hijos metidos en los socavones de las tripas del estaño–, los mineros perseguían las betas de estaño y en esa cacería perdían en pocos años los pulmones y la vida. Yo había pasado un tiempo ahí, me había hecho algunos amigos y había llegado la hora de departir. Estuvimos toda la noche leyendo, los mineros y yo, cantando y contando chistes, a cual más malo. Cuando ya estábamos cerca del amanecer, cuando poco faltaba para que el chillido de la sirena los llamara al trabajo, mis amigos callaron todos a la vez y alguno preguntó, pidió, mandó: Y ahora hermanito, dinos cómo es la mar. Yo me quedé mudo, pero insistían, cuéntanos, cuéntanos cómo es la mar. Ninguno de ellos iba a verla nunca. Todos iban a morir temprano. Y yo no tenía más remedio que traerles la mar. La mar estaba lejísimos y yo tenía que encontrar palabras que fueran capaces de mojarlos.

Y la tercera historia sobre los extraños viajes de las palabras. Hace pocos meses, ante los estudiantes mexicanos leí algunos relatos. Uno de ellos, de mi libro Bocas del tiempo, contaba que el poeta español Federico García Lorca había sido fusilado y prohibido durante la larga dictadura de Franco. Y que un grupo de teatreros del Uruguay había estrenado una obra suya en un teatro de Madrid, al cabo de tantos años de obligado silencio. Y al fin de la obra esos teatreros no habían recibido los aplausos esperados; el público español había aplaudido con los pies pateando el piso. Y ellos se habían quedado estupefactos.

No entendían nada. Tan mal habían actuado –pensaban–. Cuando me lo contaron pensé que quizás el trueno sobre la tierra había sido para el autor fusilado por rojo, por marica, por raro… Una manera de decirle: Para que sepas Federico lo vivo que estás. Y cuando lo conté en la Universidad de México me ocurrió lo que nunca me había ocurrido en las otras ocasiones en que había contado esa historia. Los estudiantes aplaudieron con los pies. Miles de pies pateando el piso con alma y vida. Y así continuaron mi relato y continuaron lo que mi relato contaba como si eso estuviera ocurriendo en un teatro de Madrid unos cuantos años antes. Ese segundo trueno sobre la tierra estaba también dirigido al poeta fusilado y era también una manera de decirle: Para que sepas, Federico, lo vivo que estás...


Romance de la luna, luna



La luna vino a la fragua

con su polizón de nardos.

El niño la mira, mira.

El niño la está mirando.

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.

—Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

—Niño, déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

—Huye, luna, luna, luna,

que ya siento los caballos.

—Niño, déjame, no pises

mi blancor almidonado


El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño

tiene los ojos cerrados.


Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.


¡Cómo canta la zumaya,

ay, cómo canta en el árbol!

Por el cielo va la luna

con un niño de la mano.


Dentro de la fragua lloran,

dando gritos, los gitanos.

El aire la vela, vela.

El aire la está velando.

El rey de los judíos


El rey de los judíos


Francisco Javier Chaín Revuelta

Debido al exceso de publicidad y a los iconos estadounidenses, muchas personas creen que estos días navideños se celebra al tal Santa Clos, por tal motivo valga la pena aclarar que el motivo de estas fiestas navideñas se refieren al nacimiento del hijo de María allá en la ciudad palestina de Belén y más o menos el día en que se empezó a contar este calendario romano que padecemos.

La verdad es que las posadas y la cena de navidad se deben a la celebración del nacimiento de Jesús, que fue uno de los grandes profetas de la historia y de ninguna manera se celebra al sajón de santa clos, quien deben andar estos días muy ocupado llevándoles de navideño regalo bombas, armas y soldados a los niños de Irak, Afganistán, Palestina y otros tantos lugares donde el “príncipe” de la paz, el Nobel de la paz, un tal Obama le facilita al risueño y obeso santa clos, los trineos para que los bombardeos, las armas y los soldados cumplan su pacífico cometido con los niños de esos países que se resisten a pensar como gringos, a mascar chicle y tomar cocacola. Quizá con unos miles de soldados enviados puedan lograr convencerlos de que como disneylandia y los jotdogs no hay en el mundo mayor gloria ni bobería.

La noche del veinticuatro de diciembre se celebra el nacimiento del rey de los judíos. Tal como lo da a conocer ese pueblo en sus libros de relatos referentes al nacimiento de Jesús, que son, exclusivamente, los evangelios de Mateo y de Lucas, ya que no hay relatos sobre tal nacimiento en los evangelios de Marcos y Juan. Además, las narraciones de Mateo y Lucas son diferentes entre sí.

Según Mateo, María y su esposo, José, viven (según parece, pues no se relata ningún viaje) en Belén. María queda inesperadamente embarazada y José resuelve repudiarla, pero un ángel le anuncia en sueños que el embarazo de María es obra del Espíritu Santo y profetiza, con palabras del profeta Isaías, que su hijo será el Mesías que esperan los judíos. Unos magos de Oriente llegan a Jerusalén preguntando por el "rey de los judíos que acaba de nacer" con la intención de adorarlo, lo que alerta al rey de Judea, Herodes el Grande, que decide acabar con el posible rival. Los magos, guiados por una estrella, llegan a Belén y adoran al niño. De nuevo, el ángel visita a José, y le advierte de la inminente persecución de Herodes, por lo que la familia huye a Egipto y permanece allí hasta la muerte del monarca (de nuevo notificada a José por el ángel, que se le presenta por tercera vez. Entonces, José se instala con su familia en Nazaret, en Galilea.

En el evangelio según San Lucas, María y José viven en la ciudad galilea de Nazaret. La historia de la concepción de Jesús se entrelaza aquí con la de Juan el Bautista —ya que en este evangelio María e Isabel, madre del Bautista, son parientes— y el nacimiento de Jesús es notificado a María por el ángel Gabriel (lo que se conoce como Anunciación) El emperador Augusto ordena un censo en el cual cada uno debe empadronarse en su lugar de nacimiento y José debe viajar a Belén, por ser originario de este lugar. Jesús nace en Belén mientras se encuentran de viaje y es adorado por pastores.

Esta tradicional celebración, a una semana del fin del año solar, se brinda con una cena previa a una cena mas grande que en tono festivo y cohetero remata el año viejo y da la buena nueva al año nuevo.

http://www.oem.com.mx/elsoldecórdoba/notas/s2767

http://www.gobernantes.com/Interiores/columnas/chainrevuelta2712.htm

Machado y Caín


Dice Machado:


“La envidia de la virtud

hizo a Caín criminal.

¡Gloria a Caín!

Hoy el vicio es lo que se envidia más.”

Caín y Abel. La leyenda


La Leyenda


Abel y Caín se encontraron después de la muerte de Abel. Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el día. En el cielo asomaba alguna estrella, que aún no había recibido su nombre. A la luz de las llamas, Caín advirtió en la frente de Abel la marca de la piedra y dejó caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidió que le fuera perdonado su crimen.

Abel contestó:

-¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes.

-Ahora sé que en verdad me has perdonado -dijo Caín-, porque olvidar es perdonar. Yo trataré también de olvidar.

Abel dijo despacio:

-Así es. Mientras dura el remordimiento dura la culpa.




JUAN LÓPEZ Y JOHN WARD

Les tocó en suerte una época extraña.

El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.

López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.

El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.

Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.

Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.

El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.

Caín y Abel



Caín y Abel

– ¿A dónde vamos, Borges? ¿Hacia Abel o hacia Caín?

– Me parece que estos días ha llegado a Caín. Ya no necesita ir.

Dios, muerte, cielo, infierno, espejo, laberinto… le caen de la boca como gotas. Son sus palabras esqueleto. Las que lo tienen de pie, despierto, aunque no parezca otra cosa que un árido y pálido hombre de papel. Que eso es por fuera. O mucho más: un animal fugado de la historia, hecho con piel de cinta de moebius, zapatos iguales a lo largo de 86 años. Ausencia de color, ojos cruzados sobre la cabeza de uno, ojos que siguen huellas de voces. Hijo, repetidor de Homero tres mil años después, ajeno de tan solo, valiente de tan solo, habitante de aviones, discursos, recuerdos, cajas chinas, perfumes, caminos que no ve.¿Qué hace ahora bajando de mi brazo en un ascensor Otis? ¿Cómo será descender ciego en un ascensor que ya tiene su propia ceguera vertical? Le aprieto el brazo para que no se caiga. Para que no tiemble más. Hay algo hueco en ese brazo, en este cuerpo de años asqueados de vivir el péndulo escaso que va del día hacia la noche. Parece tener miedo este Borges secuestrado así, en el hotel, por un cronista (que responde a Cronos), y tiembla. Es un maniquí de cera que parece derretirse ante el zumbido tonto del Otis que nos baja. Y al salir, en un segundo se repone, tieso, moviendo su bastón (que no es blanco como el de los ciegos que no ven).1956


Lo visito para invitarlo a dar una conferencia en Berisso y lo primero que pregunta es si ese pueblo existe. Le doy pruebas verbales y al final acepta. Un glorioso sábado de primavera, un Borges que aún veía llegó acompañado de la fascinante Cecilia Ingenieros, bailarina por libre, de altos remos, con look de Pina Bausch. Borges habló sobre Almafuerte, voluntarioso y ético poeta local de quien concluyó afirmando que era el Walt Whitman argentino. Su juicio nos suspendió el juicio, pero dada nuestra ignorancia y siendo que lo decía un gurú, así quedó. Pero minutos después nos volvió a mover el piso. Aseguró que Almafuerte también se parecía a Poe por esto y a Séneca por aquello. Borges era afecto a esta juguetería crítica. Al decirlo, sonreía para sí. Parecía un niño diciendo lo que se le cantara a su imaginación.



1958



Esa noche en Ezeiza apareció huraño. Volvía de seis meses en Texas y ante las preguntas de apuro se echó en el sillón, apoyó ambas manos en su bastón, y se tomó su tiempo. Comenzó a responder con monosílabos o breves frases de huida. Y no aparecía la noticia. Hasta que, para salir del acoso y ante la pregunta acerca de qué diferencia de costumbres le había impresionado más, dijo:



–Aquí, en la Argentina, se puede conversar todavía. A mí me gusta conversar con los chauffers, con los mozos de café. En España he conversado con un pastor en la sierra del Guadarrama. Con un pastor, ¿se imagina? Fui feliz. En Estados Unidos en cambio no se puede dialogar ni con un profesor. Allá la gente la pasa diciendo “Yea” y “Okay”. Una serie de sonidos básicos. Tanto es así que en la universidad dan cursos de conversación.



Ya reanimado, arrancó con una historia que confesó no iría a olvidar nunca.



–Es sobre un cowboy.



Y entró a relatar las penurias vividas en un condado tejano por los crímenes de un cowboy. Nada que sirviera para apoyar la nota. Hasta que el mejor Borges afloró del interior de un adjetivo. Fue cuando dijo que se trataba de un cowboy (hizo una pausa)



–… negro.



Ahora sí había llegado Borges. Y pasó a contar la captura y el enjuiciamiento, y que ya junto a la horca el marshall le anunció que tenían por costumbre dejar que los reos antes de morir dijeran unas palabras.



–Yo no estoy aquí para hablar sino para morir –respondió el cowboy.



(O el mismísimo Borges, pues tuve la impresión de que esa historia la acababa de inventar para dar el tema, el título y quitarse de encima al cronista).



1977



Cuando, paseando de su brazo, Borges le confesó al cronista que rezaba de noche.



1978



Tras cinco horas en el trencito trocha angosta que va de Cuzco a Machu Picchu, Borges boquea por la altura; María apenas puede sostenerlo y entonces el cronista lo lleva en brazos como si fuera un niño. Ya en el hotel vecino al templo agradeció la asistencia, pero criticó al periodismo. Al preguntarle el porqué de su rechazo, contestó con casi un epitafio a la profesión:



–Menos pregunta Dios y perdona.



1979



El lunes 21 de abril, creyéndose solo en la trastienda de una sastrería teatral de Madrid, tras haberse probado con éxito el jacquet para la ceremonia de recepción del Premio Cervantes, apoyado en su báculo negro de 16 dólares, no repara que a su lado, ladino y silencioso, el cronista se deleitaba escuchándolo cantar, en voz alta, la milonga Los orientales. Tras unos minutos, el cronista se presentó y le pidió una entrevista:



–¿Hablamos Borges?



–Sería bueno hacerlo en un pacto de mutuo olvido. Detesto la publicidad.



Por la noche, tras la cena de honor, se le comentó:



–¿Qué le pareció la paella, Borges?



–Muy buena, porque cada arroz ha mantenido su individualidad.



1983



–¿Adónde vamos, Borges?, ¿hacia dónde cree usted que va el hombre?, ¿hacia Abel o hacia Caín?



–Me parece que estos días ha llegado a Caín. Ya no necesita ir.



2006



Un calendario fraguado insiste en datar que pasaron veinte años desde el día en que Borges saltó de este mundo a otro. O a varios. No tomo en serio el dato, aunque acepto, por elegancia social, el folklore de la efeméride y recuerdo con emoción los momentos que, como cronista, me aproximaron al Monstruo. También los dichos que por su tino (pero más por su desatino) siguen latiendo alegres en la memoria. Pretendo decir que si realmente Borges murió (asunto incierto) y si estamos a veinte años de esa presunción, recordarlo puede ser borgeanamente aceptable. Y de ser así, nada mejor que un buen trago “leído” de Borges.



Un Borges. Bebida espiritual que fortifica la perplejidad, bifurca el sentido y promueve sanitaria suspensión del juicio. Efectos, los tres, que contribuyen a la mejora del alma. Más en tiempos de peste, como éste, en el que no es seguro que sean muchos los que sepan quién fue Borges. Ese opa genial y flor azteca de una cultura mundial, pero invertebrada, como es la argentina. Un escritor mayor (y decimos poco). Una entera literatura en expansión (y decimos lo justo).



Por animista y maniático que soy me gusta sostener que Borges, después de Ginebra, se recicló en ballena (para su caso blanca) y que como tal mamífero inusual ocupa a su antojo librerías y bibliotecas del mundo. Con cuerpo cada vez mayor, pues cada día son más los individuos engullidos por él. Para ello se preparó. Primero quemó sus ojos leyendo todos los libros del mundo y luego abrió otros nuevos para refutar a los primeros y diseñar una imaginería a su gusto. Concluida la tarea, nos cautivó, nos engulló y luego hizo como que se murió. Fue su estrategia para hacerse de nosotros y continuar procreándose a través de sus lectores. Esta decisión la tomó en Ginebra, aquel aparente día de 1986. Pasados 20 años sobran testigos y pruebas de que abandonó hace rato el simulado almácigo contiguo al de Calvino, y que ya no “sobremuere” en ese camposanto suizo, como el periodismo divulga y los turistas creen.



Creo que esta cabriola borgiana persigue la recuperación del imaginario del mundo, que (como comprobamos a diario) se vacía de modo triste y veloz. En sólo dos décadas, su poder de encantamiento generó cientos de miles de nuevos lectores que pasaron a compartir la cosmogonía Borges. Esa fantástica biblioteca andante del planeta en cuyo interior vivimos y en la que todos en parte somos Borges. No hay modo de abandonar su área de influencia. O hay sólo una, intuida por ese áspero genio que fue Witold Grombrowicz y que dio a conocer en su último minuto de Argentina, cuando con pie en el estribo del barco entregó a sus sofocados apóstoles la única fórmula de escape generacional que a su juicio les quedaba: “Muchachos, maten a Borges”.



Pero ¿quién va y mata a semejante niño? Borges cruzó toda su biografía de 86 años portando intacto al niño que no quiso dejar de ser. Al que preservó de normas, cursilería, banalidad y de la adulterada adultez. Borges fue, de todos los grandes niños de la literatura (el más aterrado fue Kafka; el más indócil, Rimbaud), quien alcanzó a mantener más tiempo consigo la inocencia inicial.


Quedaría quitarlo de la memoria. Pero también esa vía nos cerró: “Sólo una cosa no hay. Y es el olvido”. Con lo cual estamos destinados a vivir con un Borges portátil. A quedar (para nuestra felicidad) al albur de las sorpresas que siguen saliendo de su obra, que no cesa de recrearse. Así estamos. Bajo el paraguas de ese vasto sustantivo, Borges, a quien alguna vez Ernesto Sabato reconoció Gran Poeta y retrató con los siguientes quince adjetivos: arbitrario, genial, tierno, relojero, débil, grande, triunfante, arriesgado, temeroso, fracasado, magnífico, infeliz, limitado, infantil e inmortal.

Esteban Peicovich

La marca negra de Caín en la literatura universal



La marca negra de Caín en la literatura universal


02/12/09

Hernán Brieza

Desde Dante Alighieri al escritor portugués, muchos escritores se refirieron a ese personaje bíblico para condenarlo o comprenderlo. Byron, Quevedo y Borges también se tentaron.

“¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?” En esa pregunta de Caín está encerrada toda la tragedia de la humanidad. Recopilemos. Estamos en un bosque, el cuerpo de Abel, el hijo menor de Adán y Eva, yace ensangrentado boca abajo, con el cráneo abierto por el golpe con una quijada que le dio su hermano mayor. Imaginemos que Caín está cabizbajo y se debate entre la culpa y esa sensación de omnipotencia que da matar al otro. Dios lo interpela y le pregunta: “¿Dónde está tu hermano Abel?”. Entonces, Caín da esa feroz respuesta que condenó a los hombres a no hacerse responsable por el otro: “¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?”.

Pero la magnífica escena también sentenció a Caín –no es vana la sonoridad del nombre asesino– a vagar errante por el exilio de la cultura occidental. Durante siglos y siglos, los valores hegemónicos –impuestos por la tradición judeocristiana– condenaron al asesino a los márgenes de la historia, de la literatura y del arte. Caín fue un símbolo, un arquetipo, un emblema del mal entre los hombres. La importancia aleccionadora de su castigo se muestra en el hecho de que Dios dejó su marca negra en la frente del asesino.

José Saramago, a sus 87 años, tuvo un gesto interesante como escritor. Más allá del resultado final del libro –la experiencia anterior de reescribir la Biblia con El Evangelio según Jesucristo fue mucho más feliz que en esta oportunidad–, el premio Nobel decidió tratar de tú a tú a Dios, e interpelarlo, ponerlo frente a sus propias miserias. Porque Caín no es un libro escrito por un ateo. Pues mal que le pese, como máximo Saramago es un devoto sin Jehová. Y su último libro es una nueva demostración de ello. Si uno pudiera despejar las estúpidas declaraciones de algunos sectores de la Iglesia Católica que lo acusaron de escritor satánico comprendería que la operación cultural de Saramago no está dirigida a derrocar a Dios como principio y fin del universo sino a desplazarlo por un punto central con otra racionalidad. Saramago busca reemplazar un principio con otro principio, como quien saca un cla vo con otro.

El viaje de Caín por las tierras de Nod, al este del Edén –imposible no hacer referencia al libro de John Steinbeck (y el film de Elia Kazan protagonizado por James Dean) en el que Samuel Hamilton, Adam Track y Lee se enfrascan en una larga discusión teológica sobre Caín y Abel–, se trata, en realidad, de un recorrido turístico por las maldades de Jehová hasta el diluvio universal. Y el libro es exactamente subversivo –y no disolvente– porque cuestiona la lógica caprichosa y arbitraria del Señor –fundamento último de la soberanía monárquica–, pero propone una serie de premisas diferentes. Saramago hace más piadoso y misericordioso a Caín que al propio Dios.

Desde las primeras páginas, Saramago-Caín cuestiona las maldades de Jehová y justifica su crimen: el culpable es Dios que no tuvo misericordia y prefirió a Abel y despreció a Caín. Pero, además, Saramago-Caín impide que Abraham realice el sacrificio de su hijo Isaac para contentar al Señor y demostrar su fe, presencia impávido cómo son destruidas Sodoma y Gomorra y asesinados por la ira divina aun los niños inocentes, cómo cae violentamente Jericó y son masacrados sus habitantes, y protesta por las torturas que sufre el pío Job mientras Dios y el Diablo se lo juegan a los dados, entre otras brutalidades que comete Jehová. Saramago-Caín, finalmente, concluye contrariando la voluntad de Jehová y haciendo añicos el nacimiento de una nueva humanidad. En una transmutación, el asesino símbolo termina convirtiéndose en un asesino total, pero vengador de los desastres de Dios. “Hubo una humanidad, no habrá otra y nadie la echará de menos”, sentencia Saramago-Caín en un grito decadentista que habla más del final de la propia existencia del autor que de las condiciones materiales de la humanidad en sí misma.

Saramago se entronca así en esa larga tradición literaria que reconstruyó la historia de Caín. Desde la Torá que imprimió la historia oral y fue publicitada por el Antiguo Testamento cristiano y reelaborada por el Corán hasta hoy cientos de escritores pusieron su marca sobre Caín. Desde el ortodoxo Dante Alighieri (1265-1321) que en el canto XXXII de su Comedia usó su nombre para bautizar como Caína a una de las cuatro regiones del Cocito, el río congelado del círculo noveno que atormenta con su implacable gelidez a quienes traicionaron a sus familiares, hasta Francisco de Quevedo (1580-1645), quien le escribe y lo sentencia: “Temblando vives, y el temblor advierte/ que, aunque merece muerte por tirano,/ que tiene en despreciarte honra la muerte// La quijada de fiera, que entre mano/ sangre inocente de tu padre vierte,/ la tuya chupará sobre tu hermano”.

Una de las primeras reivindicaciones del personaje bíblico la realizó ya entrado el siglo XIX Lord Byron (1788-1824) con su obra Caín, en la que identifica a la humanidad con ese personaje. Perla del romanticismo, su trabajo indaga sobre las profundidades del mal en el hombre y significa el inicio en el camino de la comprensión del asesino. Pero quien profundizó en el mito fratricida fue Miguel de Unamuno (1864-1936) en su novela Abel Sánchez, escrita en 1917. Se trata de una reinterpretación en la que Joaquín Monegro confiesa el asesinato de su amigo Abel y en el centro del drama se encuentra el sentimiento de envidia. Si bien hay que recordar que Caín mató a su hermano por la envidia que le despertó el hecho de que Dios hubiera preferido el sacrificio de Abel, es en la obra de Unamuno donde ese pecado está llevado al paroxismo y logra que, por momentos, el lector comprenda y hasta se solidarice con el asesino. En un pasaje Joaquín dice desesperado: “La envidia no puede ser entre personas que no se conocen apenas. No se envidia al de otras tierras ni al de otros tiempos. No se envidia al forastero, sino los del mismo pueblo entre sí; no al de más edad, al de otra generación, sino al contemporáneo, al camarada. Y la mayor envidia, entre hermanos. Por algo es la leyenda de Caín y Abel… Los celos más terribles, tenlo por seguro, han de ser los de uno que cree que su hermano pone ojos en su mujer, en la cuñada… Y entre padres e hijos”.

Los españoles han cultivado una larga tradición caínica. Tras Unamuno, Manuel Vicent escribió Balada de Caín, y los poetas Blas de Otero –en “Me llamarán, nos llamarán a todos” reconoce en Abel a todos los perseguidos políticos– y Luis Cernuda –en “Un español habla de su tierra” acusa de “caínes sempiternos” a los fascistas que le arrancaron todo y lo condenaron al exilio– también incluyeron la leyenda en sus versos. Y si de poemas se trata, Jorge Luis Borges (1899-1986) utiliza la falta de memoria para borrar el crimen, para no saber quién y por qué se cometió: “Fue en el primer desierto./ Dos brazos arrojaron una gran piedra./ No hubo un grito. Hubo sangre./ Hubo por vez primera la muerte./ Yo no recuerdo si fui Abel o Caín.”

Escueto y melancólico, el olvido borra las huellas del crimen. Sólo se sabe que hubo un muerto. Las culpas se funden en la falta de memoria. Es la humanidad que no es Abel ni es Caín, o se alternan en ser uno u otro hasta el fin de los tiempos. Desde ese punto de partida, Saramago reconstruye su Caín. Pero, a diferencia de Borges, él sí sabe quién es el asesino, quién es el mal absoluto. No son ni Abel ni Caín. Es el mismo Dios. Y como un dios adolescente, Saramago decide enfrentarlo y cantarle sus cuarenta verdades. Ése es el espíritu de su libro. Un manifiesto. Una proclama. La proclama de un Dios contra otro.

Las razones de Aminetu Haidar

Regresó



Las razones de Aminetu Haidar


Después de más diecinueve días en huelga de hambre, Aminatu Haidar pretendía volver a su casa en el Aaiun en un avión medicalizado fletado por el gobierno español pero las autoridades marroquíes, en el último momento, no autorizaron el vuelo, por lo que el avión no pudo despegar. Esta activista saharaui llegó a Lanzarote expulsada por Marruecos, que le retiró el pasaporte por poner en una tarjeta de embarque que su nacionalidad era la saharaui.

Aminetu Haidar, en un coche de la familia, con su médico de Lanzarote, no en ambulancia, que los gestos también son importantes, regresó a la intimidad familiar. Atrás queda una huelga de hambre de más de un mes, una movilización internacional alrededor de su causa sin precedentes, la reactivación de un conflicto latente que ahora está sobre la mesa y en la agenda de varios gobiernos y organismos internacionales como Naciones Unidas.

Aminetu Haidar salió de Lanzarote acompañada del cariño y de la admiración de personas de todo el mundo. Ella, como Rosa Park, como las grandes luchadoras por la implantación de los derechos humanos, seguirá militando en la causa de su pueblo y de otros pueblos que pueden vivir situaciones semejantes porque su empeño es que todas las personas, individual y colectivamente, sean sujetos de derecho y gocen del reconocimiento necesario para vivir de acuerdo con el estadio democrático que hemos alcanzado. Ella, lo sabemos quienes la hemos conocido, no se va a rendir, esta experiencia tan dura no la hará olvidarse de sus sueños. No está tan claro que hará la sociedad civil que se ha movilizado estos días, en algunos casos de forma admirable, qué harán los organismos internacionales en cuyas manos está que se cumplan las resoluciones políticas acerca del Sahara Occidental, qué harán los gobiernos. Quizá actúen de acuerdo con lo que los ciudadanos expresen cada día, quizá las prioridades se establezcan desde lo que la sociedad exprese, aunque sean los gobiernos los que acceden a los boletines oficiales de los estados. Quizá los ciudadanos olvidemos demasiadas veces que es en nosotros donde reside la soberanía.

En definitiva, Aminetu Haidar está en casa, con sus hijos, con su madre. Dentro de unos días contraerá matrimonio, un segundo matrimonio que ya tenía que haberse celebrado. Ojalá esta normalidad no se vea interrumpida por ninguna actuación que conculque derechos fundamentales. Y ojalá que mientras ella recupera salud y alegría haya muchas personas en el mundo reclamando para los saharauis lo que ellos piden y Naciones Unidas establecen: el derecho a elegir su futuro. En armonía con todos sus vecinos, en la buena paz que para todos, absolutamente para todos, es imprescindible para vivir la vida.


Pilar del Río


Última hora - Haidar ya está en El Aaiún

Aminetu Haidar ya está en casa. En El Aaiún. En el Sáhara. Había salido a las 22.23 (hora canaria) del aeropuerto de Lanzarote. A esa hora el avión medicalizado enviado por el Gobierno español levantaba por fin el vuelo rumbo a El Aaiún tras 32 días en huelga de hambre.

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Última hora - "Una victoria para el Sahara"

La activista saharaui Aminetu Haidar por fin está rumbo a El Aaiún tras 32 días de huelga de hambre tras abandonar el hospital de Lanzarote proclamando la "victoria de la causa saharaui" por su regreso.

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Última hora - Regresso de Aminetu Haidar iminente

De acordo com a imprensa espanhola, José Luis Zapatero enviou para Lanzarote um avião militar com o objectivo de levar a activista Aminetu Haidar de regresso a casa no Saara Ocidental.

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Vídeo de El País

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"Marrocos prefere que me aconteça uma tragédia"

"Sou uma defensora dos direitos humanos de uma forma não violenta. Sou uma pacifista. Escolhi como via de resistência o pacifismo."

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Viaje sin retorno

Todos los factores se han dado cita para convertir la situación de Aminetu Haidar -irresuelta en el momento de escribir este comentario- en un caso límite.

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Carta de Pilar del Río a Barack Obama

“Sólo usted, en su doble condición de Presidente de Estados Unidos y de Premio Nobel de la Paz, puede intervenir ante el Rey de Marruecos“…

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Todos os Nomes

Três escritores galardoados com o prémio Nobel - o alemão Günter Grass, o italiano Darío Fo e o português José Saramago - encabeçam uma carta dirigida hoje ao Rei de Espanha para que interceda diante de Marrocos a favor da activista saarahui Aminetu Haidar, em greve de fome há 24 dias.

La leyenda íbera de Aníbal



PRESENTACIÓN DE LA NOVELA



Por Francisco Javier Chaín Revuelta

Es para mi motivo de orgullo presentar el libro “La leyenda íbera de Aníbal” de Laura Fernández-Montesinos Salamanca, a quien todos aquellos que trabajamos en el ámbito de la educación y la cultura, reconocemos por su gran valía profesional y la importancia de su labor investigadora, especialmente en el campo de la literatura, la educación y las historia de las letras y las artes. Esa brillante trayectoria profesional, que incluye la práctica diaria de la enseñanza, hace que resulte particularmente grato, decir unas cuantas palabras sobre el resultado final de uno de sus trabajos de investigación más acuciosos y donde notoriamente aplicó toda la pasión, entrega y energía con las que emprende siempre sus acciones, siempre guiadas de los nobles propósitos de libertad y justicia que la caracterizan.

Seguramente los aquí reunidos además del arte de escribir adoramos al más importante de las artes que amerita el autor de un libro: el de ser lector. Los que gozamos con la lectura, que no la hacemos como trabajo, sino con gusto. Que no la ejercemos para mostrar que hemos leído tal o cual libro famoso, sino para el gozo. Los que dejamos que nuestros ojos caminen por las letras, los que derrochamos imaginación para ir reinventando, reescribiendo y recreando lo que escribió el creador. Los que nos consideramos coautores, cogozadores, codisfrutadores, coinspirados, copartícipes en la creación de la obra escrita, podemos saber lo que representa este libro, y podemos invitar al futuro lector, al próximo lector, a realizar su propio viaje a su propio paraíso, a vivir la historia y las epopeyas como protagonista de las peripecias y luchas que este libro contiene.

Una aventura es leer un libro, pero si el libro es de aventuras, el asunto se duplica. Merece la pena destacar que detrás de las aventuras de la historia, se encuentra de vez en vez la leyenda, y es leyenda aquello que llamamos legendario, y lo más legendario de lo legendario es aquello que queda para siempre en la memoria de todos los hombres, en la memoria colectiva, que perdura aun más que una estela de piedra, es lo que queda grabado firmemente en el recuerdo que trasciende el tiempo.

Cuando tuve la gran oportunidad de tener este libro en mis manos y en mis ojos, lo que tomó mi mente por asalto al leer el título de este libro, fue un recuerdo de la infancia, fue volver a mirar a mi profesor de primaria y responderle a sus enseñanzas: Almicar Barca, padre de Aníbal Barca, quien realizó la hazaña, única en la historia, de cruzar los Alpes con un enorme y poderoso ejército, con caballos y enormes elefantes para enfrentar a las legiones de Roma en su propio terreno…

Que mayor incitación para adquirir este libro que este recuerdo y así penetrar en sus páginas para poder continuar lo que no debí haber suspendido desde la infancia, conocer y comprender la historia completa del nada nuevo choque de dos civilizaciones, de la antigua, poderosa y original civilización fenicia del mediterráneo, así como del entonces naciente imperio romano. Pueblos enfrentados tenazmente, a través de las llamadas guerras púnicas, porque por punos, me entera el libro, se llamaba a los cartagineses, guerras por el control militar y comercial del mar Tirreno, del mar Mediterráneo, de todos los puertos, islas y accidentes de esa poderosa y enorme cuenca marítima.

La gran sorpresa de este libro es encontrar en él que no trataba Aníbal de conquistar una provincia sino el mundo. Encontrar que dos elementos iban a enfrentarse: La fuerza intacta de todo un pueblo y uno de los mayores genios de la humanidad. Encontrar en el libro que la campaña de Aníbal es un duelo entre el genio y la voluntad.

La otra gran sorpresa fue encontrarme en él, no sólo una amplia y documentada investigación sobre los sucesos de aquella antigua época, sino también encontrar una poderosa y argumentada imaginación, que logra paliar todas aquellas lagunas que la historia deja de lado o en vacío, y que la buena novela histórica es capaz de compensar con una documentada recreación y narrativa excelentes, que además mantienen en vilo la atención y nos llevan de la mano a vivir con los personajes las vicisitudes que pasaron, no sólo los líderes de la gesta histórica, sino también los soldados y los comunes de todos aquellos pueblos mediterráneos, que al fin de cuentas, diseñaron o marcaron el rumbo, de la misma sociedad y cultura que nosotros ahora vivimos como herederos o continuadores de esta historia sin fin que es la historia del hombre, y que este libro, hay que señalarlo, como adelanto, remarca la necesidad de no perder el recuerdo ni cejar en la lucha de todos nosotros por la libertad y la justicia.

Debo atrever aquí contar mi experiencia con este libro, con la seguridad, de que cada uno de ustedes, tendrá su estupenda historia propia y la experiencia de su propia aventura, ya que cada libro es tantos libros como lectores tiene, y cado uno de nosotros seremos enviados, aquí o allá, pero en el camino directo a la propia memoria y a todos esos laberintos que puedan regresarnos del olvido.

Provocado por el libro, guiado por ésta epopeya, fui, no hace muchos años, a Azud de Vélez, al sur de Iberia, a los mismos enclaves fenicios a iniciar, desde la tierra removida de un antiguo panteón fenicio, este viaje.

Con el viento nocturno del mar a mis espaldas y mil años antes del año en se empiezan a contar los años, con los ojos marineros en las estrellas, navegé a 200 kilómetros por día sobre una nave fenicia de 5 filas surcando el Tirreno para llegar a la punta sur de Iberia que enfrenta el Atlántico para fincar la colonia de Gadir, (la ahora Cádiz) y legar a España, como fue a todo el mediterráneo, el primer alfabeto del mundo, ese alfabeto que ahora y aquí todos usamos y con el que se construyó no sólo este libro, sino todos los libros del alfabético mundo.

Para el año ochocientos antes de esta era, fui como parte de las huestes fenicias conquistando el litoral africano y con la reina Elisa fundamos Cartago. En el 630 antes del año cero, volví al sur español para vivir en Tharsis, civilizada capital que ustedes conocerán en su propio viaje por este libro.

Años, quinientos años después, me tocó conocer, en la Alpujarra cerca de Granada, ciudad donde nació y formó la autora del libro, a la anciana Hanna, la hija de Unílice, doblada sobre una mesa escribía en rollos de pergamino, con caña y tinta vegetal, su historia sobre la gran y primera guerra púnica.

Como senador en Cartago supe en el 264 antes de nuestra era, supe que Roma temerosa de nosotros inició una guerra de esas llamadas “preventivas” invadiendo Sicilia, en 20 años de hostilidades pude conocer entonces a Baruk (El rayo) el gran general Cartaginés Almícar Barca, padre de Aníbal Barca, a quien dos mil años después aun llevaba su nombre en sus labios mi profesor.

Estuve en el pacto de fin de esa guerra donde Cartago entregó Sicilia, estuve en medio de las batallas de la guerra civil que enfrentó Cartago, estuve en las intrigas palaciegas y viví las intrigas y golpes de mano de Roma para apoderarse de Córcega y Cerdeña. Asistí en el 253 antes del año cero, al nacimiento de Aníbal Barca y años después a su presentación ante el dios Ba´al, antes de partir con él y su padre a Iberia, donde me pude enterar que los iberos vivían sobre nutridas minas de metales preciosos.

Fui íbero y con ellos de los mejores guerreros del mundo, fui el mismo Orissón, el rey de los oretanos que emboscó al rayo ese de Almícar Barca, y también fui envenado por ser el bello Asdrúbal. Y también fui el mismo Aníbal que puso sitio a Arse y fui el dardo que hirió al mismo Aníbal. Estuve en Cartago cuando los embajadores romanos pidieron la cabeza de Aníbal ante la indignación del Gran Consejo Cartaginés. Vi como el que capitaneaba la embajada romana alzó la orla de su toga hasta el pecho y exclamó: “Aquí os traigo la paz o la guerra. Elegid”. Presencié como los cartagineses le respondieron con la misma brutalidad: que escogiera lo que quisiera. El romano les contestó que la guerra. Así vi nacer la segunda guerra púnica.

Conviví como batistano de la sierra nevada y fui mercader egipcio en el puerto de Sexi, la ahora Almuñecar. Fui padre de Unílice y por tanto suegro de Aníbal sin dejar de ser Thoba, el sagaz explorador y hermano de Unílice. Para el 218 de nuestra era partí como uno más de los cincuenta mil soldados y como uno de los elefantes africanos del enorme ejército comandado por Aníbal, la ruta fue cruzar los Pirineos y después los peligrosos desfiladeros y grandes cumbres de los Alpes, allí donde fui azul cadáver congelado, donde fui herido y moribundo de frío rematado en la emboscada que entre alaridos nos prepararon los salvajes guerreros de los alrededor de las montañas.

Fui al mismo tiempo el general romano Publio Cornelio Escipión y fui Tiberio Sempronio emprendiendo la tarea de tomar iberia y la misma Cartago para tratar de acabar con el gran obstáculo que era Aníbal para la expansión romana

Moribundo recordaré las cimas de los Pirineos, sus cien kilómetros de anchura, escalando la ancha cordillera sobre los picos de Aneto, Posets, Vignale y sobre el mismo Monte Perdido más allá de los tres mil metros de altura. Entre glaciares, lagos, valles y cañones veré a la misma Pirene, la hija de Atlas, a quien Hércules mismo se llevó en sus viajes.

En este viaje inaudito por las letras del libro pude cerciorarme de Alp el gran espíritu aéreo que mora en la cumbre de las estas montañas escarpadas de los Alpes, bajando de vez en vez, monstruosamente a perturbarme el ascenso y no dejarme llegar a lo más alto de la cordillera, mas allá de los cuatro mil metros que levanta la increíble sucesión de más de 67 montañas nevadas. Enfrenté mil aventuras con todas las tribus celtas de nantuates, veragros, sedunos, los retianos, los salasos o los lepontinos. Fuí uno de los miles que logramos la histórica hazaña de alcanzar las cumbres alpinas que así nos permitian contemplar los valles hacia el sur, empezando por el valle alpino del río Padus para iniciar la marcha guerrera y triunfante sobre Roma y sus legiones y sus escipiones.

Aquí en la larga, terrible y estratégica lucha que pude vivir a través de la Leyenda Ibera de Aníbal, a través de este libro, ya no podré seguir contándola, ya no podré decirles de las mejores, maravillosas, crueles y terroríficas peripecias que siguieron a todo lo largo de esta real e histórica epopeya que fue la segunda guerra púnica, porque sería no solo abusar de su amable atención sino también para no seguir deformando lo que en su lectura del libro encontrarán excelentemente narrado.

Ya no diré de lo vivido sobre los grandes sucesos que se narran, de las grandes batallas en los llanos del río Po, ni del cruce de los Apeninos, ni de la enorme batalla del lago Trasimeno, de Fabio Cunctator, de la gran lucha en Cannas, sobre las fuerza vivas de Roma, del sitio de Siracusa, de aquel grito “Hannibal ad portas” de la guerra en España, de la participación de Asdrúbal, el hermanastro.

No diré más del intacto vigor que siempre tuvo Aníbal, de la confianza popular que siempre lo sostuvo, de sus acertadas reformas y mejoras para Cartago, no diré, ustedes lo descubrirán en este buen libro como Aníbal Barca fue grande tanto en la guerra como en la paz. Tampoco diré como despojó a la aristocracia mercante de sus privilegios. No diré nada más sobre sus viajes al Asia y sobre como superaba los planes y proyectos de el seleúcida Antíoco III. Nunca les diré, tendrán que descubrirlo por si mismos, como Aníbal siempre fue un Baruk, un hombre más rápido que su destino.

Por ustedes mismos, no por mi, sabrán que en el Asia Menor, el rey Prusias de Bitinia nunca lamento la ayuda de Aníbal para vencer al rey de Pérgamo. Asi mismo sabrán del más miserable de los miserables soberanos de Asia, pero eso será asunto de todos ustedes en su encuentro con esta gran narración, con este gran libro.

Lo que si quiero decirles que además de haber sido a través de la lectura del libro, todos y cada uno de los personaje y de haber imaginado y vivido como en sueños cada aventura y cada peripecia, también fui una vez el presentador de este libro.

Un día como hoy, a la misma hora que hoy, en el mismo lugar que ahora todos nosotros estamos, en el Museo de Arte del Estado, en la ciudad de Orizaba, estuve hablando algunos minutos antes ustedes de un libro titulado La Leyenda Ibera de Aníbal, de un libro de Laura Fernández-Montesinos, nacida en la legendaria ciudad de Granada y formada ahí mismo, donde se formó García Lorca y cientos de estupendos literatos y artistas, todos ellos producto de una larguísima historia intercultural que comprende a los nativos íberos, fenicios, cartagineses, romanos y árabes dando lugar a una gran civilización: Al-Andalus y hoy la Andalucía como conocemos a esta región de España. No en balde el poeta ha dicho de la ciudad de nuestra escritora: “Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada, como la pena de ser, ciego en Granada”

Poesía es lo que nos ha reunido en este XX congreso de poetas. Habrá países, pueblos y gente que puedan vivir sin poesía, pero para nosotros, para nuestros pueblos y gente, el ritmo de las letras, la poesía son más importantes que el respirar.

Termino diciéndoles que dentro del consejo editorial que autorizó la impresión de ésta obra estuvieron destacados y premiados críticos, entre ellos, Sergio Pitol Demenéghi, Premio Cervantes de Literatura. Que este libro de 671 páginas esta recién salido de prensas a mediados de este año, que su austero diseño es agradable a la vista, que su confección por parte de la Editora del Gobierno del Estado de Veracruz es fuerte y su tamaño fácilmente manejable, que la editora lo incluyó en su valiosa colección Piedra Lunar, que fue presentado con éxito en la FILU 2009, en la Feria del Libro Universitario, realizada apenas en Xalapa, que la autora está en conversaciones para su publicación en España en el 2010, y sobre todo quiero decirles algo muy importante, que este libro se lo pueden llevar a casa hoy mismo, ya que se ha puesto, por cortesía de la autora, los organizadores de este XX Congreso de escritores y del Museo de Arte, a un precio, sólo en esta ocasión, muy especial de promoción. Si en librerías alcanza el precio de 200 o más pesos, esta tarde por única vez, pueden adquirirlo, en compensación por haber tenido que sufrir mi discurso, se lo pueden llevar, además autografiado por la autora, por sólo cien pesos.

Agradezco a todos ustedes a atención que me han dispensado.

Francisco Javier Chaín Revuelta

Texto leído en la presentación del libro, en el marco del XX Encuentro Lationoamericano de Poetas “José Saramago y Jaime Sabines”, en la ciudad de Orizaba, Ver., y en el marco del Festival Intracultura, en la ciudad de Toluca, Edo. De México.


A 20 años de la invasión de EU a Panamá


Imagen de archivo de una protesta en las afueras de la embajada de Estados Unidos en la ciudad de Panamá en el vigésimo aniversario de la invasión estadunidense, el pasado día 20. Dos manifestantes lucen en sus rostros fotografías del presidente Obama y del mandatario panameño Ricardo Martinelli, que gestiona la presencia de bases de Estados Unidos. Foto Ap

A 20 años de la invasión de EU a Panamá

Jorge Turner



El 20 de diciembre se cumplieron 20 años de la infame invasión militar a Panamá por parte de Estados Unidos, ordenada por el entonces presidente George Bush padre. Debido a la desproporción de fuerzas entre agresores y agredidos, mi amigo Chuchú Martínez, valiéndose de una metáfora, calificó dicha invasión como el equivalente a “la garra de un tigre hiriendo el rostro de un niño”.

Pero yo prefiero decir, en una forma aun más llana, que aquel combate se pareció mucho al pleito entre un lobo y un cordero. Y, en ese pleito tan disparejo, hubo, según cálculos de Ramsey Clark, ex procurador de Estados Unidos, más de 7 mil panameños muertos.

Panamá es un pequeño país que en aquellos tiempos contaba con un modesto ejército (ahora ya desaparecido), el cual carecía de verdaderos cuerpos de aviación, y de marina, sin baterías antiaéreas efectivas y que se reducía a fuerzas terrestres. Y, encima, la cúpula del ejército panameño interpretó las señales previas al ataque, durante dos años, como formas de presión para que cambiara su política, siendo sorprendida.

En consecuencia, Panamá no tuvo la menor posibilidad de una resistencia importante al poderoso desplante norteamericano de fuerzas que hasta se dio el lujo de experimentar algunas armas novedosas que podría usar Estados Unidos más adelante en futuras guerras eventuales de mayor calibre.

Los antecedentes

Rastreando en los antecedentes de la invasión podemos remitirnos a las diferencias de concepción geopolítica entre el gobierno de Jimmy Carter y los dos gobiernos estadunidenses que le siguieron, los de Ronald Reagan y George Bush I. Carter aceptó una nueva forma de dominación del istmo y de manejo de la vía interoceánica menos cruda que el mantenimiento tradicional del enclave colonial, que se había prolongado a lo largo del tiempo (con gobernador y jurisdicción yanqui en la Zona del Canal, 14 bases militares coordinadas por un Comando Sur y un sistema racista implacable) y por eso accedió a la firma de los Tratados Torrijos-Carter. Pero a Reagan y Bush I los convenios les parecieron una concesión a Panamá inaudita e innecesaria. Y por ello durante sus respectivas gestiones administrativas propusieron, sin éxito, prorrogar la fecha pactada de salida de las tropas norteamericanas de Panamá para el 31 de diciembre de 1999.

En especial Bush padre, quien desde que fue vicepresidente en el gobierno de Ronald Reagan había tratado personalmente a Noriega, llegó a ejercer todo tipo de presiones para doblegar los visos de independencia que habían surgido en las Fuerzas de Defensa de Panamá. Para medir el grado de autonomía de Noriega le hizo diversas propuestas indebidas, entre ellas la participación del ejército panameño en acciones contra el gobierno sandinista de Nicaragua.

Las negativas de Noriega a las propuestas de Bush abrieron la hostilidad sistemática del imperialismo. Durante dos años, las tropas norteamericanas acantonadas en la Zona del Canal se desplazaron por el territorio panameño en ejercicios bélicos que eran verdaderos actos de provocación. Y no se hicieron esperar las medidas para arruinar la economía del país: el gobierno norteamericano dejó de pagar a Panamá las rentas y beneficios de la operación del canal, congeló millones de dólares del Banco Nacional de Panamá que se encontraban depositados en bancos estadunidenses y prohibió a las empresas yanquis que operaban en nuestro país el pago de impuestos al erario público.

En el aciago 1989 se celebraron también elecciones que el gobierno se vio obligado a anular y hubo un intento fracasado de golpe en el seno del ejército panameño, que debilitó la cohesión interna de la institución. En este intento golpista no intervino el régimen norteamericano, de donde se sacó la interpretación errónea de que el Pentágono no quería llegar a las medidas más extremas.

El sábado 16 de diciembre en la noche, cuatro días antes de la invasión, un vehículo, con soldados norteamericanos vestidos de civil irrumpió, disparando desordenadamente, en un retén panameño ubicado frente al cuartel central del ejército nacional. Los disparos fueron respondidos por militares panameños y en el principio de riña fue herido de muerte un teniente norteamericano. Este suceso debió de haber dado a entender que algo gordo se estaba preparando.

En los años previos a la invasión yo me encontraba en México prestando mis servicios a la UNAM y manteniendo mis reservas sobre el proceso panameño, pero al tanto de lo que pasaba. Un buen día recibí la llamada telefónica internacional, de un compañero entrañable con el que había participado en viejas luchas por la autonomía universitaria y con el que después, por razones políticas, habíamos compartido la misma celda en el presidio que se llamaba mentirosamente Cárcel Modelo. Se trataba de Manuel Solís Palma, quien falleció el pasado noviembre, y, que en aquella Panamá, acosada y sometida a gran presión intimidatoria, había llegado increíblemente a la Presidencia de la República. Me pidió que aceptara la designación de embajador de Panamá en México para lograr la cooperación y ayuda de este país, ya que Panamá entera estaba viviendo una coyuntura de agresión, a la cual no se podían sustraer los verdaderos patriotas de todas las tendencias.

Bajo estos términos acepté y trabajé lo más que pude y creo haber contribuido a la amplia solidaridad hacia Panamá, material y espiritual, que se expresó en México. Finalmente, al producirse la invasión e instalarse un gobierno títere, renuncié al cargo y continúo en la actualidad soñando con un objetivo libertario durable mientras me dure la vida.

El asalto imperialista

El asalto armado a Panamá se produjo cuando se había iniciado el proceso de disolución de la URSS y Estados Unidos no tenía contrapeso en el mundo. No hubo declaración de guerra, pero sí unas palabras de Bush el día del asalto. George Bush I adujo, como razones para su agresión, la necesidad de proteger la vida de ciudadanos estadunidenses y de llevar a Noriega ante la justicia de Estados Unidos por narcotraficante. Ambos pretextos resultan absurdos. No es aceptable que el león clame por protección ante los movimientos del ratón en virtud de la provocación que significó el incidente en el retén panameño. Y la acusación a Noriega de ser capo del narcotráfico, una especie de eslabón de la cadena de narcotraficantes entre la producción en América del Sur y el mercado de América del Norte, es exageradísima. Debe tenerse en cuenta que Panamá no ha sido nunca un lugar de procesamiento de cocaína y que la circulación de la droga tiene distintos caminos.

La verdadera razón obedeció a la persistencia del deseo de seguir utilizando a Panamá como su propiedad y punto básico para el control de América Latina, en donde funcionaba la Escuela de las Américas, en la Zona del Canal, conocida por nosotros como un centro donde se prepararon a los diversos dictadores de nuestra región.

En la invasión se conjuntaron las fuerzas militares norteamericanas acantonadas en la Zona del Canal con las fuerzas provenientes de Estados Unidos. La invasión se inició, como ocurre siempre con este tipo de guerras, por los bombardeos. Uno de los primeros lugares bombardeados fue el Cuartel Central. No hicieron un bombardeo profundo. Buscaban simplemente que los militares panameños, sintiéndose indefensos, abandonaran el cuartel. Y así ocurrió. Estos se dispersaron por el barrio mártir del Chorrillo y por otros sitios, y algunos se convirtieron después en francotiradores por su cuenta. La invasión ocurrió sin que hubiera en Panamá ningún plan para organizar la resistencia.

Además de no haber un plan político-militar centralizado a fin de responder a la invasión, la situación de Panamá en ese momento era muy especial. Las presiones previas crearon una atmósfera turbia. Las Fuerzas de la Defensa sufrieron una crisis interna y un sector de la oposición, organizado en la Cruzada Civilista, anhelaba una solución foránea. No obstante, hubo respuesta al ataque de parte de algunos militares, de los Batallones de la Dignidad, que se habían formado antes para protestar por el boicot económico, y, sobre todo, de la población civil, que participó según sus posibilidades. El mayor foco organizado de la resistencia se dio en San Miguelito, municipio de 200 mil habitantes, en las afueras de la capital, comandado por Daniel Delgado Diamante, uno de los pocos oficiales de rango que estuvieron activos.

En medio de la confusión, Guillermo Endara fue juramentado, en plena invasión, como nuevo presidente de la república, en la base norteamericana de Clayton, mientras Noriega anduvo a salto de mata, en distintos escondites, hasta refugiarse en la Nunciatura Apostólica, en donde fue capturado por las tropas yanquis. Una vez detenido fue trasladado a Estados Unidos y condenado a 40 años de cárcel por narcotráfico.

El regreso del colonialismo

Luego del gobierno de Endara hubo otros gobiernos en el tiempo que siguió. Los Tratados Torrijos-Carter se mantuvieron vigentes, a pesar de todo, y el 31 de diciembre de 1999 concluyó el desmantelamiento de la Zona del Canal y fueron desalojados los últimos reductos de tropas extranjeras. En la actualidad, Panamá se encuentra un poco aturdida por problemas nuevos, de evidente desigualdad económica, aunque ha manejado aceptablemente la administración del canal, en momento de resurgimiento de la conciencia latinoamericana en la región.

Sin embargo, en la medida en que ha ido produciéndose este despertar se está manifestando igualmente, en proporción semejante, la reacción antagónica. Entre las amenazas de mayor envergadura está la proliferación de bases militares norteamericanas en nuestro subcontinente. El caso más alarmante es el de Colombia. Allí se establecieron siete bases militares extranjeras, de las que se dice que no han dejado de ser colombianas, pero que su uso fue cedido a las tropas foráneas.

Nosotros pensábamos que Panamá, apenas a 10 años de la salida de los ejércitos norteamericanos del país, luego de casi un siglo de padecer un enclave colonial, estaba exenta de dicha proliferación. Pero nos equivocamos completamente. Por una denuncia del doctor Julio Yao, distinguido académico universitario, se supo que tras el acuerdo gubernamental para montar algunos sitios “panameños”, aeronavales y de defensa, presumiblemente se iban a establecer después cuatro bases militares estadunidenses, ubicadas en el Pacífico y el Atlántico del país, lo cual no es otra cosa que el regreso del colonialismo norteamericano a Panamá.

El pretexto más frecuente del gobierno norteamericano para pedir la anuencia a la instalación de bases militares en la región es el de la cooperación en una gran cruzada contra el narcotráfico. Según prueba el maestro Eduardo Correa, en su trabajo La política de Estados Unidos hacia América Latina en el tema del narcotráfico, el asunto de las drogas lo utiliza la potencia del norte igualmente como un mecanismo para la dominación de nuestras naciones. Y en el caso de Panamá es aterrador que se invoque esta misma excusa que se utilizó antes para invadir a Panamá y apresar a Noriega.

La fiebre imperialista de Washington de instalar sus bases militares por todos los lugares posibles de América Latina es quizás la amenaza directa más grave a nuestras soberanías que sufrimos en la época actual. En vista del expansionismo norteamericano que estamos viviendo, el 27 de noviembre de 2009 los cancilleres y ministros de la Defensa de Unasur acordaron la prohibición a futuro de bases militares en el espacio geográfico suramericano.

Estamos de acuerdo con la medida de previsión que obviamente toca la abstención de ceder las cuatro bases militares en Panamá, cuyo traspaso, al parecer, aún no se formaliza. Pero la hermosa aspiración a una América Latina libre de bases militares debe ser no sólo a futuro, sino también referirse a los lugares ya cedidos e igualmente debe abarcar al subcontinente. Es un planteamiento que concierne a todos nuestros países sin excepción y que exige muchas movilizaciones y la creación de una conciencia indoblegable sobre la importancia de afianzar la independencia en la Patria Grande.


A 20 años de la invasión de EU a Panamá
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